Responder con valentía a los desafíos de hoy
Queridas hermanas y familia congregacional: PAZ y BIEN.
Hay aniversarios que se cuentan con números, y hay otros que solo pueden medirse por la cantidad de vida sembrada. El 14 de septiembre es uno de esos días en los que el tiempo parece detenerse para dejarnos contemplar el milagro de una historia de 170 años que sigue floreciendo.
Este año, nuestro aniversario congregacional coincide con dos memorias luminosas que atraviesan los siglos: los ochocientos años del tránsito de Francisco de Asís y los doscientos años del nacimiento de Josefa Mª Ribas de Pina, nuestra fundadora. Sus nombres pertenecen a tiempos distintos, pero su sueño sigue pronunciándose en presente.
Francisco continúa caminando entre nosotros como un hermano descalzo que nos enseña a mirar el mundo con asombro. Ocho siglos después, su voz sigue llegando desde los caminos, desde la fraternidad sencilla, desde el canto de las criaturas y desde el abrazo a quienes quedan en las periferias de la historia. No nos dejó una herencia de piedra, sino una manera de habitar la tierra: ligeras de equipaje, ricos en humanidad, cantores de la vida, apasionadas por el Evangelio.
Y junto a él contemplamos a nuestra Fundadora. Hace doscientos años nació una mujer cuya vida se convirtió en respuesta. Una mujer que escuchó el susurro de Dios entre los clamores de su tiempo y tuvo el valor de creer, junto a su hermano Gabriel Mariano, que la misericordia podía transformarlo todo. Lo que comenzó como una intuición de dos hermanos es hoy una corriente de vida que sigue llegando a diferentes lugares y personas. Todas las personas implicadas en el carisma de la misericordia somos fruto de ese encuentro.
Por eso hoy damos gracias por tantas hermanas que han hecho de su vida una lámpara encendida; por las manos que han curado heridas visibles e invisibles; por las palabras que han consolado; por los caminos donde el Evangelio se ha hecho cercanía. Damos gracias por quienes nos precedieron y hoy también por quienes continúan escribiendo cada día una nueva página de nuestra historia, con su testimonio de vida, y con su implicación en las obras de la congregación que quieren seguir siendo canales de misericordia.
Pero también queremos escuchar la pregunta que el Espíritu nos dirige hoy: ¿Qué sueño espera todavía nacer en medio de nuestra familia carismática?
Quizá Francisco nos invitaría a reconstruir no edificios, sino vínculos. Quizá nuestra Fundadora nos animaría a no tener miedo de los nuevos horizontes y responder con valentía a los desafíos de hoy. Quizá ambos nos recordarían que una congregación no vive de la nostalgia de sus orígenes, sino de la fidelidad creativa a la llamada de cada tiempo.
El mundo necesita mujeres y hombres capaces de tejer esperanza donde otros ven cansancio; capaces de cuidar la vida frágil, de abrir espacios de fraternidad y de anunciar que la bondad sigue siendo posible. Por eso celebramos, porque, a pesar de las incertidumbres, el Espíritu continúa trabajando silenciosamente.
Que este aniversario sea una invitación a volver a la fuente, a escuchar de nuevo la llamada primera y a caminar con el corazón abierto… La historia continúa. Y el mejor capítulo siempre es aquel que nos atrevemos a escribir juntos. Al final de los caminos recorridos, Francisco nos sonríe desde la paz; nuestra Fundadora nos señala horizontes nuevos; y Dios, como siempre, nos espera por delante.
Con gratitud por el camino recorrido y con confianza en el que aún nos espera, te invito y me invito a celebrar este aniversario con profunda acción de gracias.
Con afecto fraterno, Feliz aniversario congregacional.
Alicia García Lázaro
Superiora general
