Al comenzar una nueva Cuaresma, nuestro corazón siente la llamada a volver a lo esencial. Este año, además, lo hacemos en un tiempo marcado por un aniversario luminoso: se cumplen ochocientos años de la Pascua de Francisco de Asís, aquel hombre que dejó que el Evangelio penetrara tan hondo en su vida que se convirtió en un “hermano universal”, un caminante de paz, un buscador infatigable de lo pequeño y de lo verdadero.
Francisco no vivió la Cuaresma como un rito ni como un esfuerzo voluntarista; la vivió como un camino de transparencia: quitar lo que sobra para que solo quede Cristo. Y quizá ese sea también nuestro desafío hoy: en medio del ruido, la prisa y la fragmentación interior, permitir que la Palabra nos regenere y que la sencillez vuelva a ser espacio de encuentro.
Quisiera proponer cinco actitudes que, inspiradas en la vida del pobre de Asís, pueden ayudarnos a vivir más hondamente estas semanas de gracia:
1. Recuperar el silencio como lugar de verdad
Francisco buscaba montes, ermitas y rincones donde dejarse mirar por Dios. Este tiempo puede ser un regreso al silencio que cura: apagar el exceso de estímulos, reservar unos minutos diarios a la oración, a la interiorización sencilla y volvernos disponibles a la voz que siempre susurra: “Tú eres mi hija amada”; “Tú eres mi hijo amado”. Que esta Cuaresma nos encuentre dedicando tiempo real a lo que nos centra y nos serena, permitiéndole a Dios revelarnos caminos nuevos y desmontar seguridades que ya no nos sostienen.
2. Abrazar la pobreza como libertad interior
La pobreza que vivió Francisco no fue miseria, sino desapego y disponibilidad. En un mundo saturado de insatisfacciones y de consumo, se nos llama a redescubrir la belleza de una vida sencilla: casas donde haya espacio para todos, agendas que respiren, corazones que no se posean a sí mismos… La pobreza franciscana es libertad: elegir vivir con menos para vivir más profundamente.
3. Mirar al mundo con misericordia activa
Francisco no huyó de los leprosos; los abrazó. Podemos fijar nuestros ojos en quienes viven a nuestro lado, en cualquier persona en situación de vulnerabilidad…, en nuestros compañeros y compañeras… Un gesto de cercanía puede convertirse en un pequeño milagro de esperanza y de ánimo.
4. Cultivar la gratitud y la alabanza
Francisco descubría a Dios en todas las criaturas. En medio de una realidad compleja, la gratitud nos devuelve la mirada limpia y nos conecta con lo bueno. Cada día podemos nombrar tres dones, por pequeños que parezcan, que descubramos en nosotros mismos y en quienes nos son más próximos, y agradecer y alabar a Dios por ellos.
5.Vivir la alegría pascual desde ahora
Francisco vivió la Pascua incluso en medio del dolor; su hermano sol —la alegría— convivió siempre con la hermana enfermedad y la hermana muerte. También nosotras estamos llamadas a una alegría pascual que no depende de las circunstancias, sino de sabernos criaturas amadas y enviadas. Que esta Cuaresma no solo nos conduzca a la Pascua, sino que la anticipe: que se note en nuestra forma de orar, de servir, de trabajar, de convivir y de mirar la realidad con ternura.
A todos y a todas vosotras, que este tiempo que un año más se nos regala, don silencioso y fecundo, vivido a la luz del testimonio de Francisco, despierte nuestro ser más profundo hacia una verdadera paz. Que cada paso nos acerque a la Pascua con la confianza de quien sabe que Dios transforma todo en vida.
Que el Señor os bendiga y os guarde.
Que os muestre su rostro y os conceda su paz.
Con cercanía y oración.
Alicia García Lázaro
Superiora General
Imagen: Elianna Gill en Unsplash
